domingo, noviembre 30, 2008

Fernando Savater: sobre la libertad

Fernando Savater se sentó junto a Carmen Aristegui en punto de las 17:00 en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para dar una conferencia "para gente sin miedo a saber".

Aristegui marcó pauta con sus muy precisas preguntas, mientras Savater soltaba ideas, arrancaba carcajadas y el auditorio a reventar escuchaba atento.

“Los humanos nunca hacemos bien del todo nada, pero hacemos muchas cosas” dijo Savater al reflexionar sobre la condición del hombre y su libertad como seres que se equivocan, “por que tenemos que inventarnos nosotros lo que es el bien y lo que es mal”.

Y continuó “las abejas hace sus colmenas hexagonales y ninguna de ellas se pregunta si sería mejor hacerlas octogonales o cuadradas. La evolución ha pensado por ellas que es mejor la colmena hexagonal. Nosotros en cambio no tenemos esa ventaja y nos pasamos la vida dudando y pensando”.

Si uno no puede hacerse daño al ser libre, es que no es libre del todo –continuó Savater- la libertad es un beneficio peligroso. No es simplemente un regalo maravilloso del cielo. La mejor prueba es que todo mundo quiere ser libre para reivindicar los medios que tiene. Y en cambio todo mundo renuncia a la libertad cuando ha cometido errores, pecado, vicios, etcétera.

Si uno ha hecho algo que no debía o de lo que se avergüenza, pues dice “no he sido yo, han sido las circunstancias, la historia, las multinacionales, el presidente Bush…” mientras que, en cambio, si a uno le dan el premio Nobel, no hay nadie que diga “oh, mire usted, han sido las circunstancias…” todo el mundo dice “yo luché contra todos, nadie creía en mí, pero yo me abrí paso…” Sólo queremos libertad cuando las cosas han salido bien, no cuando han salido mal.

La verdadera libertad es cuando las cosas pueden salir bien o pueden salir mal –dijo Savater ante Carmen Aristegui que aún reía por el último comentario.

jueves, noviembre 20, 2008

Confesiones de la vejez

Subirse a un taxi siempre es fuente de historias ocultas, leyendas urbanas y crudas realidades.

El taxista me empezó a contar de cómo hace poco lo detuvo un tránsito. ¿Qué motivos puede tener un tránsito para detener a alguien en el DF? Basicamente el hambre o las ganas de dinero extra en su bolsillo.

Así le tocó a él. Nomás por chingar -se diría para no dejar lugar a dudas-. La historia es la misma. Que si el tarjetón, que si el permiso, que si la licencia, el artículo tal, el reglamento fulano. Entonces que si el corralón, la delegación, el juez. Ya había dos patrullas y cinco tránsitos alrededor.

Total, fue la delegación. Antes de ir, uno de los tránsitos hábilmente se subió al taxi, no fuera ser que se pelara. Ambos entre los 50 y 60 años, empezaron a platicar.

Habrá sido esta confianza rápida tan mexicana, o la edad, que de plano el taxista le preguntó al tránsito:
- Bueno ya, ¿porqué me pararon?
- Mira, estás igual de viejo que yo, ya sabes cómo es. Hay que chingarle. Nos dieron dos meses para sacar lo que pudiéramos, y tengo que pasar cuota al comandante. Ya sabes cómo es.

El taxista seguramente asentó. Después de todo, todos sabemos cómo es.