domingo, noviembre 15, 2009

Encuentro con la justicia

Lo soltaron. Se llenó de impotencia cuando supo que lo soltaban. Pensó en el momento que él se acercó, recordó la presión de sus manos contra su cuerpo, los labios sucios que la recorrían en la oscuridad de un rincón cerca de la salida del metro.

Revivió la impotencia, el dolor, la humillación, la rabia, el miedo. Revivió cada sentimiento cuando supo que lo soltarían. Falta de pruebas. Más bien palancas, o lana -pensó-.

En la delegación había caras que le resultaban familiares. Rostros medio conocidos. ¿Dónde los había visto? No supo en ese momento. Saliendo de la oficina algunas miradas la siguieron, las sentía cerca, constantes. Volvió a reconocer a algunos.

Alguien se acercó y le dio un papel. Apenas lo tomó y estaba de nuevo sola, caminando. ¿Quieres justicia? -decía el papel- llama.

Caminó con el papel en la mano. No debió pensarlo demasiado. Quería venganza. O justicia, como decía el papel. Quería que el infeliz pagara por lo que le hizo. Quería que no sólo fuera a la cárcel, quería que sintiera el miedo, la humillación, la rabia, la impotencia.

Llamó. La citaron. Le cambiaron la cita. Nadie llegó. Otra cita. Las calles y los minutos se confundían. La encontraron. La invitaron. Le ayudaron a encontrar justicia.

Y las noticias no reportan muchos accidentes viales, no se habla de muchos que mueren accidentalmente, son vidas que no valen tanto, no tanto como para hablar de ellas. Y dicen, hay un grupo de gente que conoce la impotencia, la rabia, el dolor, gente que anda por ahí, ocultándose de una ley que les prohíbe hacer lo que hacen cotidianamente: justicia.