miércoles, mayo 17, 2006

Mi primera vez

Entra tantas primeras veces que uno va acumulando en la vida, hoy me llegó el momento de agrugar una más a mi lista: mi primera vez en una manifestación.

El lugar: Embajada de Nicaragua en D.F. El motivo: Manifestación de rechazo al artículo 204 de la constitución de este país, el cual criminaliza la homosexualidad. Los manifestantes: Grupo 44 de Amnistía Internacional.

Aunque hoy día sólo soy simpatizante de AI, próximamente seré miembro, o cual sea el estatus que pueda adquirir, el punto es que he decidido participar voluntariamente en esta organización. Y hoy fue la primera acción pública en la que tomo parte.

Al llegar en compañía del coordinador del grupo, apenas habían llegado dos personas. La misma cantidad de patrullas se apostaban a las afueras de la pequeña embajada. Cuando ví a la policia no le dí tanta importancia, pero cuando se acercaron a preguntar cosas empecé a sentir miedo, nervios.

Nada pasó, efectuariamos una manifestación pacífica. Poco a poco se fueron sumando otras personas de Amnistía, y algunos simpatizantes a la causa. Formamos un grupo de aproximadamente 15 personas.

Yo sostenía un cartel con una consigna, al levantarlo me pregunté si debía taparme la cara con el cartel, o sostenerlo en lo alto. Elegí lo segundo, sostenerlo en lo alto y dar la cara. De verdad que una cosa es dar opiniones en un café, y otra es pararse en una calle sosteniendo una pancarta de la cual comparto el mensaje. Ese es el punto, dar la cara por algo en lo que se cree.

Durante las dos horas que estuve ahí ví desfilar muchas patrullas, todas solicitaban datos, del representante, de la organización, del motivo de la manifestación, etc. Un hombre vestido de civil compartía datos con una mujer policía.

El embajador recibió al representante de Amnistía, algo se logró.

martes, mayo 16, 2006

Los ciudadanos en campaña

Desde el arranque de las campañas, no el oficial sino mucho tiempo antes, algo en mi badeja de entrada empezó a suceder, primero de manera tímida, luego ha sido un bombardeo constante.
No de todos mis contactos, pero en algún momentola mayoría lo han hecho. Distingo claramente entonces la tendencia política de mis amigos y familiares. Porque ellos también están en campaña.
Me envían presentaciones de power point donde unos atacan a AMLO, los del otro bando atacan a Calderón. No he recibido muchos, quizá uno que ataca al PRI. En síntesis, si tomara mi bandeja de entrada como un medidor político, Calderón y AMLO se debaten la presidencia. El contenido de ambos mails lleva una fuerte carga de "ataque", es decir, que la misma estrategia de los candidatos es seguida por los ciudadanos. Los ataques a Calderón son más espefícicos (Fobaproa), en tanto los de López Obrador son más ambiguos (populista).
De los que no he recibido nada y me gustaría, sería uno de Patricia Mercado, sólo para pensar que aún hay ciudadanos que se detienen un momento a leer una propuesta diferente.

domingo, mayo 14, 2006

Encuentros

Una de las cosas que siempre me ha gustado en la vida en la posibilidad de conocer nuevas personas. Y cuando las personas salen de lo ordinario aún más. Así por mera casualidad de último momento asistí a la presentación del libro Abril Rojo de Santiago Roncagliolo... no lo conocí de manera personal, el encuentro se limitó a los dos minutos que le llevó firmarme mi ejemplar, y duró mucho porque hubiera deseado alargar ese encuentro aún más. Santiago es un escritor de 31 años de quien recién conocí su trabajo, especificamente su blog. De la misma forma que hace un par de semanas le dije a un amigo "no voy a comprar su libro, ése lo quiero gratis", esta vez me digo "hoy me lo firmó como a muchos otros, pero otro día conversaremos largamente".

Su dedicatoria en mi libro: "Para Hugo; porque nadie es perfecto, pero se hace lo que se puede. Santiago".

jueves, mayo 04, 2006

Del poder

Leyendo el post de Roncagliolo recordé una experiencia similar que viví hace algunos años.
El día había empezado como cualquier otro, levantándome temprano para irme a trabajar en camión. Ese día me parece que tuve que salir de la oficina, y utilicé el metro. Al mediodía un amigo me invitó a un cocktail, en el hotel Four Seasons. Poco me importaba el motivo, eso de chupe y comida gratis siempre es la única razón que necesito.
El día se pasó rápido, y apenas tuve tiempo de cambiarme para verme con mis amigos. Ya con ellos, en su carro, llegamos al hotel. Entonces me enteré: el cocktail por el aniversario del programa de un periodista de la tv.
Al principio me sentí un poco intimidado por lo ajuares de la gente, puros cuates en traje. Y pues yo, de suerte llevé un pantalón de vestir, cosa desde entonces poco común en mí. Cuando ví la mesita de bocadillos, el temor se alejó, y me posicioné en un lugar estratégico entre la mesa de bocadillos y la puerta por donde salían los meseros con las copas.
Empecé a mirar a mi alrededor y rapidamente fui reconociendo las caras: Beatriz Paredes, Salinas Pliego, Barlett, algunos moneros, gente de izquierda, de derecha, de centro, la mayoría políticos, buena parte de comunicadores. En fin, una muestra bastante heterogénea.
Todos se sonreían, platicaban, se daban fuertes palmadas en la espalda, fuertes abrazos, en fin, parecían una banda de compadres de toda la vida. Entonces yo, al mirarlos, empecé a dejar de entender todo. ¿Cómo era posible que izquierdistas de hueso colorado hablaran con panistas de la misma índole? ¿cómo los moneros podían andar por ahí sin ser golpedos por algún político ofendido? En fin, todo dejé de entender.
Entonces dejé de hacerme preguntas, me volví a concentar en los bocadillos y en lo irónico que era mi día, empezando colgado de un camión saturado de gente, perfumado por los olores del metro y cenando bocadillos al lado de semejantes personalidades.

lunes, mayo 01, 2006

Linda Lovelace

Recién empecé a leer el libro Garganta Profunda; memorias de una actriz porno (La Fábrica Editorial, España, 2005). Y en las 50 páginas que llevo me ha dejado más que sorprendido.
De inicio no tenía idea quien era Linda Lovelace, esta noche me he puesto a indagar un poco más, quizá más el morbo de ponerle cara a la lectura. o mejor dicho, de ver la cara de quien semejantes cosas pasó.
Hasta ahora dos cosas son las que más he han sorprendido. Una, el dominio que se puede ejercer sobre alguien que tiene miedo. La segunda, cómo con una pequeña dosis de miedo en nestra vida podemos arrastrarnos en la más asquerosa mierda.
¿Cuál será peor? ¿Aquél que con maldad y alevosía nos domina? ¿o quien por miedo no se atreve a salir? Al final de cuentas debe ser quien tiene miedo, será quien más lo padece.
Y en apenas 50 páginas, ya con una cara visualizada, un nuevo morbo nace en mí: ver una de sus películas.