miércoles, diciembre 31, 2008

Balazos ensordecen Durango



Se acerca la media noche, la última noche del 2008. La gente se congrega en la Plaza de Armas, frente a la catedral; muchos otros están en sus casas, en sus ranchos, por todo Durango.

Las campanas de Catedral repican, pero pronto su voz es silenciada por los balazos. Durango parece territorio en guerra. Rifles, pistolas y metralletas rugen con fuerza por toda la ciudad, y un poco más allá, en cada ranchería, en cada pueblo, en cada rincón donde hay gente.

Los balazos resuenan en el cielo, apenas sombreado por el humo de las armas. Esta noche no hay narco por las calles, no hay tiroteos entre policías y bandidos, sólo es el festejo del año nuevo, y esta viejísima costumbre de tirar balazos al cielo.

Quizá haya dos o tres muertos por balas perdidas, pero siempre pasa, como los balazos.

¡Feliz año 2009 desde Durango!

viernes, diciembre 12, 2008

La letra que si pronuncias, te matan

Una señora estaba en una estética. La mañana transcurría tranquila ese día en Durango. Los pocos clientes del lugar eran su compañía.

Mientras le cortaban el pelo, platicaba con la estilista sobre el tema del que todo mundo habla: los levantones, los zetas, el gobierno ausente, etc.

De verdad que no es posible lo que están haciendo esos malnacidos -dijo la señora- una ya no puede ni salir a la calle. Pinches zetas, que nuestro señor Jesús no tenga piedad de ellos.

En ese momento la estilista se quedó inmóvil, sintiéndo el frío del metal ajeno en sus costillas. A su lado un hombre al que apenas se atrevió a mirar por el espejo le dijo:
rápala.

La mañana siguió tranquila. No hubo testigos ni escenas dramáticas. La señora, en silencio, salió buscando en su bolsa algo para cubrirse la cabeza, meterse a su carro, llegar a su casa y entonces sí, ni salir a la calle.

miércoles, diciembre 10, 2008

Amparito, los míticos lonches de Guadalajara



¿Cuando empezaron? Nadie lo sabe muy bien, pero la puertecilla que aún existe y da servicio en el centro de Guadalajara, detrás del Teatro Degollado, sigue teniendo filas que dan la vuelta a la manzana.

¿Qué hay ahí? Lonches. Tortas dirían en el D.F.

Todo empezó, según cuentan en la calle, a través de una ventanita en una pequeña puerta de madera, donde se atendía principalmente a oficinistas del área, que compraban entre diez y quince lonches.

Detrás de esa ventanita estaba Amaparito, siempre acompañada por su fiel gato. Ella, una señora chaparrita y morena, nada agraciada ni "distinguidita" preparaba los lonches que la hicieron famosa. Hay una foto de ella aún en local, hoy día coronada por un deslavado moño negro.

La noticia de su muerte, hace unos dos años, trascendió hasta los periódicos de Guadalajara. Aunque ninguno de los nietos quizo dar la cara en ese momento a la prensa, la sociedad entera se conmocionó al saber el secreto que había detrás de esos lonches.

Famosos por su sabor, ya las filas no sólo atendían oficinistas locales, más gente llegaba para probar los tan sabrosos lonches, cuyo secreto no podía ser visto desde la ventanita por la que atendían.

El gato de Amparito, que la acompañó incondicionalmente durante tantos años, hacía algo más que sólo mirarla cocinar lonches. En sus patas escondía el secreto que Amparito nunca reveló.

Caminando sobre la carnitas y sobre la crema. Dueño de las mesas donde Amparito cocinaba, el gato le ponía ese sabor tan único a los lonches.

Pero el gato no acompañó a Amparito a su última morada, y dicen, que mientras el gato viva, los lonches seguirán teniendo el éxito que hizo de Lonches Amparito una franquicia en diferentes puntos de la ciudad.