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viernes, mayo 20, 2011

Hombres de ley

Estacionaron la troca en la entrada de emergencias, se bajaron tres nada más, caminaron firmemente por los pasillos del hospital, con un objetivo fijo, no escondían las armas, pero pedían tranquilidad a la gente -nomás no se muevan ni armen desmadre, no les va a pasar nada- decían al caminar. Llegaron a una habitación y acribillaron a quien estaba en una cama. Salieron, pidieron disculpas, se subieron en la troca y se fueron. Saldo: un muerto.

Las balaceras en Durango se convirtieron en algo cotidiano. Poco a poco la gente aprendió a convivir con ello: refugiarse o echarse al piso si se está cerca de las balas, y continuar una vez que han pasado.

¿Cómo empezó esto? Se dicen muchas cosas, en las calles de Durango hasta se habla con cierto añoro de aquellos narcos que eran hombres de ley, formados en la sierra, en los campos, gente pues. Después de todo, con la gente no se metían, es más, hasta los ayudaban. Gente de temer, pero por mucho, gente de admirar.

Pero se pelearon unos, llegaron los nuevos grupos, se convirtió en una plaza y el desmadre empezó. Nadie supo cómo reaccionar ante los nuevos sicarios, esos que matan a quien se atraviese sin deberla ni temerla.

Escuchó el timbre, al abrir la puerta apenas distinguió el sombrero negro y la pistola plateada, casi ni notó la troca enfrente -disculpe señora, le voy a pedir de favor que salgan todos de su casa, que la vamos a quemar- escuchó al hombre decir. Siguió las instrucciones, apenas salió con sus hijos y se fue caminando, sintió el calor en su espalda y supo que su casa había sido quemada.

El desmadre no ayuda a nadie, la gente tiene miedo, se llena de federales, de militares, ya ni ellos pueden estar tranquilos. Probablemente algunos hicieron las pases y decidieron qué hacer con esos recién llegados a la ciudad, esos inmisericordes que matan por placer, sin ley, sin honor, sin respeto.

Verificó la dirección antes de bajar de la troca, confirmó con la foto que era la casa, bajó y tocó el timbre; una mujer abrió la puerta y le dijo: buenas tardes señora, le voy a pedir de favorcito que salga de la casa, no se lleve nada, sólo sálgase que se la vamos a quemar, discúlpeme usted. Apenas salió la mujer, aventaron los galones de gasolina y le prendieron fuego.

Dicen que regresaron, aquellos hombres de antes, los de ley, los que sí respetan, los que tenían todo en orden. Dicen que están poniendo orden en Durango, que están acabando con los que vinieron a meter desmadre.

Hay mucho de alegría, al menos de tranquilidad de saber que no habrá muertos de más, que no habrá balaceras afuera de las escuelas, a la mitad de la calle, que ya no habrá que cuidarse de las balas perdidas. Que la paz volverá, y Durango será de nuevo una ciudad tranquila, como antes.

Dicen que regresaron, que están poniendo orden. Como si fueran superhéroes, la gente espera que pronto acaben con su misión. Esos hombres que tienen ley. Esos narcos de antes.

viernes, febrero 13, 2009

Hábitos norteños

- ¡Órale cabrón! ¡chúpale!
- ¿Es de 21?
- Especialmente para ti.

El Padre tomó la copa y de un trago se chingó el whiskey de 21 años.

Hay algunos lugares en donde a los padrecitos no se les besa la mano, ni se les habla de usted, aún menos se espera que hablen del evangelio.

En esos lugares, bardeados por camionetas negras blindadas, se piden favores, se cierran acuerdos y se sirven copas de whiskey de 21 años.

sábado, enero 10, 2009

¿Por qué Durango?

Los noticieros no reportan todo. Los periódicos no dicen las cifras reales. Que si una bomba en la academia de policía, que si 30 muertos en una balacera, que si nadie quiere salir, son algunas de las cosas que no se dicen.

Así las cosas en Durango hoy en día.

Y alguien pregunta en voz alta ¿por qué Durango? si nunca pasaba nada aquí. En efecto, durante años la pelea era por Sinaloa, por Juárez, por Tamaulipas. Pero no por Durango. Estado que ni siquiera servía como ruta para el narco.

Pero alguien responde que si bien Durango no resultaba estratégico, ahora sí. Se necesitan nuevas plazas, nuevas rutas. Y Durango pinta en el mapa. El territorio que no era de nadie, ahora está en disputa. Tierra virgen para alguno de los principales cuatro grupos de narcotraficantes.

Entonces alguien más pregunta ¿y cómo se van a poner las cosas si aún no hay dueño?. Todos en la mesa guardan silencio. Quizá sólo esperan no caer en un fuego cruzado. Porque las cosas no se van a poner bonitas.

jueves, enero 08, 2009

El tesoro de Mahoma

Hace unos 400 años, cuando México era una colonia de la Corona Española, cada una de las provincias debían pagar una tributo al Virrey. Al noroeste de la entonces Nueva España estaba la Nueva Vizcaya, territorio donde se fundó Durango, al borde del Cerro del Mercado, tierra rica en plata y otros minerales.

Bastaba rascar un poco la tierra para encontrar plata u oro, así, al ras del suelo literalmente. Lo que valió que rapidamente fuera fundada la ciudad y se hicieran caminos para unirla con las otras ciudades y transportar los tesoros a la Corona.

Paso Real, así le decían al camino que iba de Durango a Zacatecas. Cientos de mulas arrastraban carretas llenas de oro y plata. En lo que hoy delimita ambos estados y siendo el Paso Real apenas un vestigio que la maleza se comió, está la Loma de Mahoma, cuello de botella natural donde bandidos se atrincheraban para emboscar a quienes transportaban los tesoros.

Con el tiempo se sabía de los peligros, se sabía que se robaban todo y no dejaban a nadie con vida. Así un día, hubo quienes sabiendo su inevitable destino detuvieron su andar antes de cruzar la loma. Encontraron una mina natural. Descargaron las carretas, metieron los tesoros, mataron y desangraron más de 30 mulas. Con los litros de sangre formaron una mezcla lodoza rojiza, con la que cubrieran la entrada a la mina. Y sellaron el tesoro.

Siguieron su camino con la mitad de las mulas y las carretas vacías. No hubo tesoro para robar, sólo su vida que entregar. Los bandidos sólo encontraron mulas muertas. Pero no encontraron la entrada a la mina.

Hoy día, sólo hay ranchos, todos propiedad privada. Hoy día, los pocos que saben del tesoro de Mahoma siguen buscándolo. Cavando y cavando. Perdidos entre tierra árida y rojiza.

Algunos saben que el tesoro está ahí, sigue enterrado, y como bandidos esperan el momento para que la Loma de Mahoma les otorgue una clave, una pista. Perdidos entre hoyos y excavaciones.

miércoles, diciembre 31, 2008

Balazos ensordecen Durango



Se acerca la media noche, la última noche del 2008. La gente se congrega en la Plaza de Armas, frente a la catedral; muchos otros están en sus casas, en sus ranchos, por todo Durango.

Las campanas de Catedral repican, pero pronto su voz es silenciada por los balazos. Durango parece territorio en guerra. Rifles, pistolas y metralletas rugen con fuerza por toda la ciudad, y un poco más allá, en cada ranchería, en cada pueblo, en cada rincón donde hay gente.

Los balazos resuenan en el cielo, apenas sombreado por el humo de las armas. Esta noche no hay narco por las calles, no hay tiroteos entre policías y bandidos, sólo es el festejo del año nuevo, y esta viejísima costumbre de tirar balazos al cielo.

Quizá haya dos o tres muertos por balas perdidas, pero siempre pasa, como los balazos.

¡Feliz año 2009 desde Durango!

viernes, diciembre 12, 2008

La letra que si pronuncias, te matan

Una señora estaba en una estética. La mañana transcurría tranquila ese día en Durango. Los pocos clientes del lugar eran su compañía.

Mientras le cortaban el pelo, platicaba con la estilista sobre el tema del que todo mundo habla: los levantones, los zetas, el gobierno ausente, etc.

De verdad que no es posible lo que están haciendo esos malnacidos -dijo la señora- una ya no puede ni salir a la calle. Pinches zetas, que nuestro señor Jesús no tenga piedad de ellos.

En ese momento la estilista se quedó inmóvil, sintiéndo el frío del metal ajeno en sus costillas. A su lado un hombre al que apenas se atrevió a mirar por el espejo le dijo:
rápala.

La mañana siguió tranquila. No hubo testigos ni escenas dramáticas. La señora, en silencio, salió buscando en su bolsa algo para cubrirse la cabeza, meterse a su carro, llegar a su casa y entonces sí, ni salir a la calle.

martes, octubre 21, 2008

Y se les acabaron las balas

Los periódicos reportaban la noticia bajo títulos como: Deja un muerto balacera entre presuntos narcos y policías en Durango o Lo mataron en Real del Mezquital.

La llamada que yo recibí al mediodía reportaba otras cosas. Por momentos se antojaba inverosímil, pero esto es México, un país más allá del realismo mágico o los dramas telenoveleros.

La balacera se extendió por diferentes puntos de la capital de los alacranes, como si fuera terreno de guerra. El infierno -dirían algunos-. Y la gente veía pasar, enmarcados por los truenos de cuernos de chivos, rifles y pistolas, primero a los polícias y detrás de ellos, los presuntos narcos.

A los primeros se les acabaron las balas y, literalmente, se echaron a correr; detrás de ellos venían los narcos y, literalmente, echando balazos.

Dicen que hubo más muertos. Más de los que reportaron el periódico. Los más: civiles. Los menos: los presuntos narcos.

jueves, octubre 16, 2008

Levantones en Durango

Más vale empezar a cambiar la ruta para recoger niños en la escuela. Cerrar bien los vidrios. Ni pienses en detenerte si un tránsito te para. Y evita algunos centros comerciales, donde dicen, levantan más.

Y es que los levantones están a la orden del día. 5 muertos al menos cada día. Y la mecánica es más eficaz que las ofertas de Soriana: al 3x1.

Como les han quitado el dinero y los vehículos, si te secuestran, ya tienen carro, piden lana, ya tienen lana, te cortan la cabeza y con eso le dan un aviso al gobernador. Osea 3 pájaros de un tiro. 

Narcos disfrazados de afis, judiciales, tránsitos; carros clonados oficiales; el miedo en la calle... como una película, Durango, otrora el Hollywood mexicano, filma hoy una nueva película, aún sin título, aún sin final.

Si el gobernador fuera el escritor, estaríamos jodidos, porque al parecer en Durango nadie sabe donde está. Dice el señor del taxi que está donde los militares escondido. Pero el señor de los helados en la plaza de armas dice que ni siquiera se para en Durango. Lo que sí es que seguro no anda pisteando en el avión de gobierno, como antes decía la gente que hacía.

En fin. ¡Qué bueno que no es el escritor! Así es la misma gente la que puede, día a día, escribir esta historia.

miércoles, julio 25, 2007

Durrancho... Duranyork… Durango

Alguna vez conocido como el Hollywood de México, la tierra del cine. En alguna época ver a John Wayne pasear por la plaza de Armas era común; Dolores del Río y hasta mi Generalísimo Pacho Villa. Alguna vez también era común salir de extra en las producciones gringas. Ahí, en alguna, aparece su tía, su abuela o alguien que conoció en la infancia y la memoria lo ha borrado de sus recuerdos. Durango está en sus historias familiares, en las anécdotas de su madre, de sus tías y tíos. Durango está lejos, en su memoria y en la geografía.

Fue, apenas unos días, apenas para ver. Pero sus ojos ven diferente, será los años que, o traen cataratas o traen agudeza. Para ella resultó lo segundo. Y miró, más allá del machismo declarado y tolerado como figura común; miró a su alrededor, como valorando el camino, a la manera de un guardaespaldas que espera a su jefe en la puerta de un restaurante.

Durango, o Durrancho como todavía le dicen, pues ni el Liverpool que van a abrir, o del McDonald's o incluso a pesar del Vips le quitan el mote, quizá para algunos de ese medio millón de habitantes y para ella misma, la Perla del Guadiana siempre ha de guardar el olor ranchero, vaquero pues, como los cowboys de Texas. Como John Wayne, bien machotes todos, aunque piquen los alacranes.

Trocas bien perronas, negras negras, vidrios polarizados y motores potentes, sin placas ni nada, corren a toda velocidad por el centro, por la 20 de noviembre, donde las calles fueron trazadas para carretas; los carros abren paso, como si pasara una ambulancia, la gente en las aceras como que mejor ni mira mucho. Hay cosas que uno entiende sin que le expliquen demasiado: como cuando un narco trae prisa.

De ir a la feria ni hablar, está requetepeligroso le dijeron, bajan los de las rancherías y siempre andan bien empistolados, mejor no vamos, luego que nos cuenten como se puso Vicente, y los madrazos, y los balazos, mejor vamos a cenar al Hotel Gobernador.

Y en el restaurante sintió una mirada, lasciva, penetrante, pero ya había entendido el pedo, o el wato, como sea, el código que funciona, y tuvo miedo de no saber comportarse, de atraerle, o de nomás no. La siguió hasta el baño y de regreso a la mesa con la purita mirada, como si anduviera de caza de conejos. Y no supo cómo comportarse, ni qué hacer, si ser muy simpática o pecar de indiferente. Con los narcos no se juega, como se juega en los bares de la capital.

Y regresó a la ciudad, a la merita capital de la república. Donde los narcos no corren a toda velocidad por 5 de Febrero, donde casi ni hay trocas, donde tampoco hay ferias en las que Vicente le cante a sus mujeres tan divinas. Aquí donde nomás viven los hijos de los hijos de aquellos rancheros que empezaron a sembrar un poquito en sus parcelas, esos hijos que ya fueron a la escuela, ya hasta hablan inglés y no cargan cadenotas de oro como sus abuelos. Esos narcos, que pudo haber mirado en la calle, o en algún restaurante, incluso, hasta sonreírles. Pero aquí no es como en Durango.