

Nos pidió meternos en una como cochera mientras se iba, bajo amenaza de disparar si salíamos inmediatamente. Seguimos instrucciones. Dejamos pasar algunos minutos, no sé cuantos pues en esos momentos la noción del tiempo se pierde. Uno cae en un tipo de trance sin minutos.
Cuando salimos de ahí, caminamos a Monterrey en busca de una patrulla, que apareció pocos minutos después. Dimos aviso de los sucedido y nos subieron para buscar al sujeto en la zona. Era extraño, pensaba en las pocas probabilidades de verle caminando. Yo suponía que no estaría más en el área. Pero igual, no debaja de mirar atento por la ventanilla de la patrulla.
Al final no dimos con el ladrón. Y lo primero que hicimos fue ir a un lugar para empezar a cancelar tarjetas y dar aviso a los amigos. Eso hicimos por un rato. Hablar a compañías de teléfono, bancos e incluso, Ecobici. Todo para evitar malos usos de las tarjetas que ahora el ladrón poseía.
Después era claro que teníamos que levantar una denuncia, un derecho ciudadano. Y fuimos a la oficina correspondiente de la PGJDF en la calle de Valladolid.
Y ahí, la experiencia no mejoró. La atención no sólo fue fría, quienes nos atendieron partían del supuesto que estábamos mintiendo. Lo primero fue decirnos que podíamos levantar un acta, no recuerdo exactamente el nombre, pero lo entendí como una denuncia "light" para poder hacer válido el seguro contra robo de los celulares. O bien la denuncia "bien", la "buena". Para nosotros era claro que teníamos derecho a levantar la denuncia, las pérdidas materiales no se dimensionan de la misma forma que la vulnerabilidad a la que fuimos expuestos.
A pesar de ellos, empezamos el proceso. Entonces, llegaban otros policías y preguntaban -¿qué les pasó?- y contábamos la historia. Decían "ahí hay una cámara, vamos a pedir el video". Fueron tres o cuatro, uno además dijo "vamos a pedir el video para ver si es cierto". A mí no me quedaba claro que estaban dudando de nuestra palabra, y todo el sistema parecía pretender que desistiéramos de hacer la denuncia.
Sin embargo, continuamos. Estuvimos ahí por cerca de tres horas. Llenando papeles, esperando y respondiendo preguntas sobre lo sucedido. Tratando de recordar cada una de las pertenencias que se había robado y darles un valor económico.
La experiencia ahí no fue agradable. Quizá hasta un poco de miedo de no sentir a alguien que te apoya, que te dice que harán algo, de hecho, nadie te explica el proceso, simplemente vas paso a paso, como te indican.
Terminamos. Hicimos la denuncia. Hay aún citatorios que atender para ratificarla. Seguiremos el proceso.
La mañana del domingo, aún con sentimientos encontrados por lo sucedido en el asalto y en la oficina donde levantamos la denuncia, fuimos a ver el lugar donde nos habían asaltado. habíamos ya hablado mucho sobre cómo parecían no querer levantar la denuncia y su insistencia en pedir el video de la cámara. Quisimos ver la ubicación de la cámara, verificar nosotros mismos que habíamos sido asaltados en un lugar visible para esa lente. Pero no había cámara. En ese cruce, y contrario a lo que nos dijeron una y otra vez la noche anterior, no había cámara.
En fin. Sucedió que caminábamos por la colonia Roma, como tantas veces, sin temor. Y nos asaltaron.
