No hay médico francés que lo reconocería en público; sería demandado y tachado de racista al momento. Pero en reuniones privadas, en la intimidad del grupo de amigos es parte de las bromas que se hacen. Y vaya que ríen al respecto -
¡Qué pena presentarle un "Kevin" a mi madre!- dice Isabelle y todos se echan a reír, porque todos sentirían la misma pena.
En la jerga médica francesa hay algo conocido como
los nombres de riesgo. Y esta, digamos regla, la utilizan para definir qué tipo de cuidados merecen los pacientes.
Por ejemplo: Una familia llega al hospital, su niño está delicado: desnutrición. El niño se llama
Kevin. De inmediato a cuidados intensivos. El niño será hospitalizado tres días. El estado cubre los gastos.
Al mismo tiempo llega otro niño con el mismo padecimiento, pero se llama
Benoît. Es atendido por lo médicos. En poco tiempo lo dan de alta y dan indicaciones a la familia sobre los cuidados que deberán seguir los siguientes tres días.
La misma situación, dos soluciones. ¿Racismo? ¿exclusión? ¿discriminación? Bueno, sucede que en Francia no son muy bien vistos los nombres como Kevin, Jason, Dylan u otros que parecen salidos de los
sitcoms estadunidenses. Normalmente las familias de medios desfavorisados, aquellas con menos cultura, gustan mucho de esos nombres para sus hijos.
Los médicos asumen, cuando un niño se llama así, que proviene de un medio desfavorisado, donde no tendrán los medios o el conocimiento para llevar a cabo los cuidados necesarios. Así que asumen debe ser tratado en el hospital. En tanto la familia de Benoît, probablemente sea clase media, entonces se asume que podrán costear y llevar a cabo los cuidados ellos mismos.