martes, agosto 19, 2008

Beijing, el olvido milenario



Existen imágenes grabadas en la memoria, lo que se vio en las películas, en la tele, lo que se imaginó de lo libros. Como la torre Eiffel, uno la conoce antes de estar en París.


Así sobre Beijing se tienen esas imágenes, de Mao, la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, la Gran Muralla, y muchas más seguramente.


Cuando se llega a Beijing la primera impresión es la grandiosidad, la majestuosidad de las grandes avenidas, las multitudes, los rascacielos; estereotipos de las megaurbes asiáticas. Todo eso también es Beijing.


También se sabe de la cultura milenaria, de ésta, vestigios. La megaurbe que ha devenido Beijing, como consecuencia normal de la modernidad, ha borrado los trazos milenarios que la forjaron como la Capital del Norte.


Hay esos lugares, como el Palacio de Verano, el Templo del Cielo, la Ciudad Prohibida donde aún se respira la China milenaria. Pero apenas unos pasos afuera el asfalto ha consumido el pasado, los enormes anaqueles han disfrazado Beijing a la usanza de las ciudades occidentales.


Pero nada de esto hace que Beijing pierda su magia y su majestuosidad, ni su rica herencia que aún subsiste, en lugares recónditos, en la oscura noche, en los inviernos de nieve.

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