La vida en un festival, al menos en este y desde lo que a mí me ha tocado vivir: cada mañana llegas a la oficina con una serie de pendientes por resolver, después se agregan los nuevos, y otros tantos, y unos más; al final del día, pasaste resolviendo pequeñas crisis, pequeños conflictos, todos inesperados e inusitados.
¿De qué se compone un día en tiempos de festival? Recuerdo mi primer día de trabajo, allá en 2008, antes de llegar a la oficina pasé a comprar una agenda. Apenas entré en la oficina y me absorbió una vorágine de asuntos que nacían, morían, maduraban a una velocidad que al final del día no recordaba con exactitud todo lo hecho y llené ocho hojas de la nueva agenda.
Pasaron unos tres días y sentía que había trabajado más de una semana, ya los apuntes en la agenda sobrepasaba el mes en cuestión y acabó con el fin para el cual fue concebida, su existencia se reducía a una libreta de apuntes. Pobre ella.
Hoy podemos decir que estamos justo a la mitad de este mi quinto Festival. En mi mente, esas pequeñas cosas de las que se han compuesto los pasados diez días se han difuminado, rápidamente se han enterrado, supongo que algo sucede en mi mente que debe dar cabida a todo lo que ha de llegar.
Todo pasa rápido, todo se vive rápido y al final, ese gran sabor de boca cuando los aplausos terminan y se cierra el telón.
(Y así, hasta el siguiente año)
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