La Bélgica que yo conozco no es aquella de Brujas, del Manneken Pis, de Bruselas o de Amberes. Es la Bélgica francesa de la provincia de Namur. De los 30km de radio entorno a la ciudad, Namur.
Como el resto de Europa en Bélgica muchas construcciones aún huelen a tiempo. A los muchísimos años que llevan ahí de pie. Las angostas escaleras, lo pequeño de los escalones, la madera que rechina al pisarla, lo fuerte de los muros, la calefacciones en los muros, el color rojizo-cobre que predomina.
De repente, en alguna de las tantas casas por las que pasé, pregunto:
-Disculpe, ¿el baño?
-Entra a la cocina y al fondo, frente a la estufa está el baño.
-Gracias.
¿Un baño en la cocina? ¿frente a la estufa? ¿y si…? ¿habrá alguien cocinando?
Luego me encuentro con una amiga en un café. Se ha casado, tiene dos hijos y recién compró una vieja casa a muy buen precio en las afueras de Lieja. Ha sido duro, pues como tantos jóvenes matrimonios aquí, ellos mismos han tenido que hacer las remodelaciones. Entonces me cuenta que la primer dificultad fue tener que construir un baño. ¿Un baño? -le pregunto- pero si un baño es tan parte de una casa como la cocina o un cuarto. Bueno no, en la casa que compraron vivía una viejita sola, en su generación acostumbraban asearse en la cocina, en la tarja. En aquel entonces los wc afuera de la casa eran también comunes.
Pero con la modernidad se establecieron nuevos parámetros de higiene. Pero siempre el dinero es un problema, y la gente tenía que construir el baño, el wc, cerca de la cocina, por la única cuestión de gastar menos en instalar complejas tuberías por toda la casa.
Entonces uno va entendiendo estas cosas que saltan, que parecen extrañas. Y se pierde la pena de pasar al baño entre papas y cebollas.
Como el resto de Europa en Bélgica muchas construcciones aún huelen a tiempo. A los muchísimos años que llevan ahí de pie. Las angostas escaleras, lo pequeño de los escalones, la madera que rechina al pisarla, lo fuerte de los muros, la calefacciones en los muros, el color rojizo-cobre que predomina.
De repente, en alguna de las tantas casas por las que pasé, pregunto:
-Disculpe, ¿el baño?
-Entra a la cocina y al fondo, frente a la estufa está el baño.
-Gracias.
¿Un baño en la cocina? ¿frente a la estufa? ¿y si…? ¿habrá alguien cocinando?
Luego me encuentro con una amiga en un café. Se ha casado, tiene dos hijos y recién compró una vieja casa a muy buen precio en las afueras de Lieja. Ha sido duro, pues como tantos jóvenes matrimonios aquí, ellos mismos han tenido que hacer las remodelaciones. Entonces me cuenta que la primer dificultad fue tener que construir un baño. ¿Un baño? -le pregunto- pero si un baño es tan parte de una casa como la cocina o un cuarto. Bueno no, en la casa que compraron vivía una viejita sola, en su generación acostumbraban asearse en la cocina, en la tarja. En aquel entonces los wc afuera de la casa eran también comunes.
Pero con la modernidad se establecieron nuevos parámetros de higiene. Pero siempre el dinero es un problema, y la gente tenía que construir el baño, el wc, cerca de la cocina, por la única cuestión de gastar menos en instalar complejas tuberías por toda la casa.
Entonces uno va entendiendo estas cosas que saltan, que parecen extrañas. Y se pierde la pena de pasar al baño entre papas y cebollas.