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lunes, agosto 04, 2008

Caos en Beijing

Ver una avenida en Beijing es presenciar el caos en carne viva, intentar cruzarla es una aventura casi suicida.

Hay carriles marcados como en cualquier otra ciudad, pero los conductores parecen crear nuevos donde no los hay, sin el mínimo respeto por los carros que vienen en contra. Un pensamiento común para mí era: si alguien puede manejar en el D.F. y salir con vida, lo puede hacer en cualquier otro lado.
Después de Beijing esta idea cambia. Si alguien sobrevive a las calles de Beijing, ¡que afortunado! Son simplemente un caos sin normas. El parque vehicular tiende más a modelos pasados que actuales. Miles de bicicletas circulan alrededor peleando el espacio, al tú por tú con los automovilistas.

Los lugares peatonales, como las banquetas, presentan el mismo caos. Cientos y cientos de personas las caminan. Son demasiados. Pocos con apariencia "no-china" se ven alrededor. Uno se sabe extrajero facilmente aquí.
No es el Beijing de las postales, el de la China milenaria. En las calles es sólo la gran urbe de Pekín, su cotidiano, su vibra, su maravillosa y caótica vida.
(Este post es originalmente un email enviado a mi amigos en 2003, después de mi primer viaje a Pekín)

jueves, enero 17, 2008

Tepoztlan

A los pies del Tepozteco se asienta Tepoztlán. Apenas visible desde el valle, la pirámide del Tepozteco parece testigo de la actividad que predomina los fines de semana a sus pies: la venta.

El tráfico es confuso, las calles con pendientes tan inclinadas que hasta parece capricho. Es sábado y la calle principal, a un costado de la Parroquia de la Natividad, es cerrada a los vehículos. A los costados de la calle esas estrucutras metálicas desarmables tan típicas de México, ofrecen toda variedad de productos.

Antes era común iniciar el recorrido comprando alguna bebida alcohólica en un jarrito de barro, pero recientemente el municipio lo prohibe, así que sólo venden refresco en el mismo jarrito. Quizá no alegra tanto, pero refresca.

Tepoztlán es más que la pirámide, más que la parroquia, más que los colorines... es un pequeño gran mercado, siempre colorido: en estas fotos en rosa y azul.