Pero no es eso lo que quiero escribir hoy. Es otro recuerdo, de una historia que no me pertenece, pero después de 20 años aún la tengo grabada bien en la memoria:
Mi madre conoció una mujer, guapa según recuerdo, con clase y bastante maquillada. Ella había perdido una pierna y usaba entonces una prótesis. Cuando habían hecho el lazo de amistad mi madre le preguntó cómo había perdido la pierna... fue en el temblor del 85.
Ella vivía en un noveno piso, su esposo estaba de viaje y ella estaba en casa con sus tres hijos, al parecer el mayor tendría unos cinco años, y el menor apenas unos meses. La muchacha salió corriendo a avisarle a la patrona, ella, del temblor. Nada de aviso supongo, en un noveno piso debió sentirse bastante intenso.
Y según recordaba, hoy recuerdo, gritó a sus hijos, corrieron a su lado... y todo se vino abajo. Recuerda que cuando cobró conocimiento todo estaba obscuro y escuchaba las voces de sus hijos vagamente pidiendo ayuda.
Practicamente inmobilizada de las piernas y entre los escombros, sostenía al menos, al bebé en los brazos. Muchas horas pasaron para ser rescatada, creo que tres días. Durante esas horas que debieron ser eternos y parecerle siglos de agonía escucho como las voces de sus hijos se fueron apagando... era tal el sufrimiento y la impotencia que decidió acabar con la agonía del mas pequeño, el único que podía tocar aún... tomó una íedra o algo así, y lo esfixió.

