Entonces mi primera pregunta fue: ¿mi voto es útil para quién?. Así, reflexionando ese llamado me pareció una agresión y una estupidez.
Antes, en alguna mesa de café, he escuchado a más de un amigo mencionar que hay que votar por alguno que sí vaya a ganar, hacer útil mi voto. Y me vuelvo a preguntar: ¿para quièn es útil?
No he sentido mucho eco cuando digo que votaré según mis convicciones, no voto por ganadores, no voto por perdedores, voto por quien creo, con quien comparto una idea de nación, por aquél que refleja mi pensar, que se acerca a mi ideas. Entonces sí, mi voto es muy útil para mí.
¿Qué tiene en la cabeza aquél cadidato que promueve el voto útil? Un total rechazo a la individualidad, negación al derecho de cada quien de elegir, en el fondo ni una pizca de respeto por quien vota diferente. Es decir, promueve la homogeneidad, convertirnos a todos en borregos que perseguimos al ganador, cuando ni siquiera ellos están todavía tan seguros de ganar.
¿Son útiles mis ideas? ¿mis posiciones? ¿mis puntos de vista? Evidentemente, en este momento no. Sólo importa que vote por él.
Me niego a aceptar o darle la más mínima cabida a semejante aberración, porque mi voto es útil, en tanto puedo ejercer mi derecho a votar por quien mi convicción y reflexión me señala. Ése es para mí el auténtico voto útil.
Me gustaría, utopicamente claro, que no exitiera semejante llamado, aún menos de periodistas, en cambio, fomentar la reflexión individual, el acercamiento a los candidatos, la promoción de encuentros entre candidatos y ciudadanos sin un podium como barrera, un debate con la gente, no entre ellos que se saben sus marranadas, que respondan a las preguntas de la gente, no a las de aquellos que deben acatar sus censores.

