jueves, mayo 04, 2006

Del poder

Leyendo el post de Roncagliolo recordé una experiencia similar que viví hace algunos años.
El día había empezado como cualquier otro, levantándome temprano para irme a trabajar en camión. Ese día me parece que tuve que salir de la oficina, y utilicé el metro. Al mediodía un amigo me invitó a un cocktail, en el hotel Four Seasons. Poco me importaba el motivo, eso de chupe y comida gratis siempre es la única razón que necesito.
El día se pasó rápido, y apenas tuve tiempo de cambiarme para verme con mis amigos. Ya con ellos, en su carro, llegamos al hotel. Entonces me enteré: el cocktail por el aniversario del programa de un periodista de la tv.
Al principio me sentí un poco intimidado por lo ajuares de la gente, puros cuates en traje. Y pues yo, de suerte llevé un pantalón de vestir, cosa desde entonces poco común en mí. Cuando ví la mesita de bocadillos, el temor se alejó, y me posicioné en un lugar estratégico entre la mesa de bocadillos y la puerta por donde salían los meseros con las copas.
Empecé a mirar a mi alrededor y rapidamente fui reconociendo las caras: Beatriz Paredes, Salinas Pliego, Barlett, algunos moneros, gente de izquierda, de derecha, de centro, la mayoría políticos, buena parte de comunicadores. En fin, una muestra bastante heterogénea.
Todos se sonreían, platicaban, se daban fuertes palmadas en la espalda, fuertes abrazos, en fin, parecían una banda de compadres de toda la vida. Entonces yo, al mirarlos, empecé a dejar de entender todo. ¿Cómo era posible que izquierdistas de hueso colorado hablaran con panistas de la misma índole? ¿cómo los moneros podían andar por ahí sin ser golpedos por algún político ofendido? En fin, todo dejé de entender.
Entonces dejé de hacerme preguntas, me volví a concentar en los bocadillos y en lo irónico que era mi día, empezando colgado de un camión saturado de gente, perfumado por los olores del metro y cenando bocadillos al lado de semejantes personalidades.

No hay comentarios.: