El taxista se llama Martin, es de aquí, de Monterrey. Apenas me subo al taxi y apaga su cigarro en el espejo retrovisor; le digo ―no lo apague; también fumo; no me molesta―.
No, si nomás los prendo como amuleto ―me dice con su fuerte acento regiomontano―. Cada vez que prendo un cigarro me sale un viaje. Mi esposa me dice que fumo mucho, pero de verdad que no. No sé si sea coincidencia pero siempre me funciona.
Cuando sí fumo mucho ―continúa diciéndome don Martín― es cuando me voy de bohemia con mi compadre. Es que toco la guitarra, y mi mujer canta. Los sábados nos juntamos en la casa. Bien a toda madre.
Le pregunto más sobre su afición por la guitarra y entonces la sorpresa: Martín me cuenta que cuando era joven, allá por el año 1982 participó en el festival Valores Juveniles Bacardí; y en compañía de otros dos, formaban el Trío Los Amigos… y ganaron el tercer lugar. El primero se lo llevó un tal “Raúl Montemayor ―me dice un poco molesto y resignado― de los Montemayor. Ya ve que tienen mucha feria. No pos esos con dinero compran lo que sea”. Hasta el primer lugar (me quedé pensando). Después el trío se desintegró. Uno se fue a Tampico, otro a SLP y Martín se regresó a Monterrey.
Pero eso no lo desmotivó del todo. Por idea de su ahora esposa, el día de su boda decidieron hacer algo diferente: después del tradicional rito religioso, vestido blanco y smoking; una vez estando en el salón de fiestas con todos los invitados, se fueron a cambiar. Martín salió de charro y ella de Adelita. Y Martin con guitarra en mano, su esposa con el tequila que abre la garganta, juntos empezaron a cantarles a los invitados. Entonces los apodaron la Adelita y el Charro. Hoy esos apodos han cambiado un poco, con la moda de la telenovela “Destilando Amor” les dicen en las noches de bohemia: Gaviota y Rodrigo. “Y eso que mi esposa canta mejor que esa gaviota”
Me salgo del taxi y lo veo irse, cuando volteaba la esquina prendió un cigarro y supuse que habría también un pasajero, y quizá Martín continuaría contando su historia.
No, si nomás los prendo como amuleto ―me dice con su fuerte acento regiomontano―. Cada vez que prendo un cigarro me sale un viaje. Mi esposa me dice que fumo mucho, pero de verdad que no. No sé si sea coincidencia pero siempre me funciona.
Cuando sí fumo mucho ―continúa diciéndome don Martín― es cuando me voy de bohemia con mi compadre. Es que toco la guitarra, y mi mujer canta. Los sábados nos juntamos en la casa. Bien a toda madre.
Le pregunto más sobre su afición por la guitarra y entonces la sorpresa: Martín me cuenta que cuando era joven, allá por el año 1982 participó en el festival Valores Juveniles Bacardí; y en compañía de otros dos, formaban el Trío Los Amigos… y ganaron el tercer lugar. El primero se lo llevó un tal “Raúl Montemayor ―me dice un poco molesto y resignado― de los Montemayor. Ya ve que tienen mucha feria. No pos esos con dinero compran lo que sea”. Hasta el primer lugar (me quedé pensando). Después el trío se desintegró. Uno se fue a Tampico, otro a SLP y Martín se regresó a Monterrey.
Pero eso no lo desmotivó del todo. Por idea de su ahora esposa, el día de su boda decidieron hacer algo diferente: después del tradicional rito religioso, vestido blanco y smoking; una vez estando en el salón de fiestas con todos los invitados, se fueron a cambiar. Martín salió de charro y ella de Adelita. Y Martin con guitarra en mano, su esposa con el tequila que abre la garganta, juntos empezaron a cantarles a los invitados. Entonces los apodaron la Adelita y el Charro. Hoy esos apodos han cambiado un poco, con la moda de la telenovela “Destilando Amor” les dicen en las noches de bohemia: Gaviota y Rodrigo. “Y eso que mi esposa canta mejor que esa gaviota”
Me salgo del taxi y lo veo irse, cuando volteaba la esquina prendió un cigarro y supuse que habría también un pasajero, y quizá Martín continuaría contando su historia.
1 comentario:
Entretenida historia, bien relatada.
Un saludo desde Perú.
Publicar un comentario