Se acerca la media noche, la última noche del 2008. La gente se congrega en la Plaza de Armas, frente a la catedral; muchos otros están en sus casas, en sus ranchos, por todo Durango.
Las campanas de Catedral repican, pero pronto su voz es silenciada por los balazos. Durango parece territorio en guerra. Rifles, pistolas y metralletas rugen con fuerza por toda la ciudad, y un poco más allá, en cada ranchería, en cada pueblo, en cada rincón donde hay gente.
Los balazos resuenan en el cielo, apenas sombreado por el humo de las armas. Esta noche no hay narco por las calles, no hay tiroteos entre policías y bandidos, sólo es el festejo del año nuevo, y esta viejísima costumbre de tirar balazos al cielo.
Quizá haya dos o tres muertos por balas perdidas, pero siempre pasa, como los balazos.
¡Feliz año 2009 desde Durango!
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