domingo, marzo 08, 2009

El gusto de lo clandestino

Cuando escuchas la palabra clandestino ¿qué pasa por tu mente?... ¿drogas?, ¿sexo?, ¿aborto?, ¿antros?

Si esto pasó por tu mente, es que seguramente has escuchado de lugares clandestinos para cualquiera de esas cosas. Hay un gusto perverso por lo clandestino, como los hay inusuales.

En la Condesa, una de las tantas casas en lo alguna vez se fue un hipódromo esconde tras su fachada un cotizado lugar para muchos de los vecinos. Basta acercarse para ser recibido por dos hombres tipo guaruras que cuando se piden informes responden ¿tienes recomendación?

Sale el dueño y empiezan las preguntas. Hay que decir nombre y apellido para que puedan después corroborar. Es un requisito para entrar. No hay otra forma de ser miembro.

¿Qué hay adentro? Un gimnasio. Más barato que las cadenas de gimnasios y más exclusivo. Así, aparatos de ejercicios suplen lo que alguna vez fue la sala o el comedor.

Y, clandestinamente, cada día muchos se dan cita para sólo hacer ejercicio.

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