Arregladas y entusiasmadas se reúnen para ver en pantalla gigante alguna ópera. Esa soirée estaba dedicada a L'Orfeo de Monteverdi, una obra considerada como la primera ópera. Algo digno de grandes conocedores.
Las señoras atentas disfrutan la sesión, al terminar, con la comida y el vino, la tertulia empieza. Hablan de los grandes compositores, de los grandes cantantes, del próximo viaje al Metropolitan Opera House, a Parma y Londres.
El vino corre ligeramente, apenas percibido en el ambiente, no es el pretexto principal de la reunión. Suena una campanita, la anfitriona pide atención a las invitadas y comparte una anecdóta. La soirée d'opéra continua.
Pero la madrugada del sábado pronto llega, y detrás algunas confesiones inesperadas en el exquisito círculo de los amantes de la ópera, así, entre vino y comida, una de ellas sube el tono de voz y confiesa:
"A mí la verdad, me encanta Juanga."Narrar las confesiones que continuaron sería una infamia. Baste decir, que de Juanga pa'bajo.
1 comentario:
jijijijiji, ya me imagino a las doñitas quesque muy aca, y cuál pura máscara, si son re nacas y no lo aceptan. Además Juanga rules.
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