domingo, junio 21, 2009

De Monteverdi al Divo de Juárez

Cada quien tiene su forma de disfrutar las noches de viernes. Ellas, señoras de alta sociedad, disfrutan de sus viernes de ópera.

Arregladas y entusiasmadas se reúnen para ver en pantalla gigante alguna ópera. Esa soirée estaba dedicada a L'Orfeo de Monteverdi, una obra considerada como la primera ópera. Algo digno de grandes conocedores.

Las señoras atentas disfrutan la sesión, al terminar, con la comida y el vino, la tertulia empieza. Hablan de los grandes compositores, de los grandes cantantes, del próximo viaje al Metropolitan Opera House, a Parma y Londres.

El vino corre ligeramente, apenas percibido en el ambiente, no es el pretexto principal de la reunión. Suena una campanita, la anfitriona pide atención a las invitadas y comparte una anecdóta. La soirée d'opéra continua.

Pero la madrugada del sábado pronto llega, y detrás algunas confesiones inesperadas en el exquisito círculo de los amantes de la ópera, así, entre vino y comida, una de ellas sube el tono de voz y confiesa:

"A mí la verdad, me encanta Juanga."

Narrar las confesiones que continuaron sería una infamia. Baste decir, que de Juanga pa'bajo.

1 comentario:

Julieta Arévalo dijo...

jijijijiji, ya me imagino a las doñitas quesque muy aca, y cuál pura máscara, si son re nacas y no lo aceptan. Además Juanga rules.