Un extranjero conducía un vehículo en la ciudad de México, acompañado de tres mexicanos. Una avenida no tan concurrida, con un tramo en reparaciones y pobres señalamientos. Un pesero se acerca demasiado y alcanza a raspar el espejo retrovisor del vehículo del extrajero. Este se detiene, se baja y se dirige a reclamar el hecho. Los tres mexicanos gritan: "¡Espérate! ¡No te le pongas al brinco! ¡Ya vamonos!"
El extranjero no hizo caso, los tres mexicanos se quedaron inmóviles e indiferentes ante el desenlace que sabían ocurriría: el chofer del pesero se fue, y nada sucedió.
Yo era uno de los tres mexicanos. Después de lo sucedido le expliqué al extranjero el porqué de nuestra reacción, lo criticable que es, y lo correcto de su reacción: el reclamo de su derecho. Con tristeza tuve que reconocer hasta donde esta cultura me tiene absorbido y ciertas cosas son dadas por hecho, como la impunidad.
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