Es cierto, en Berlín las cosas funcionan con estricto orden. El respeto a los peatones, el cruce de las avenidas, los lugares para fumar, en fin, todo es muy ordenado; el olor del caos no es algo que se huela cerca. Ni parece ciudad, bueno, no al tipo de ciudad en la que vivo.
Así, Pablo y yo esperábamos el camión, estaba lloviendo fuerte, nos protegíamos en la parada. Se trataba de contar lo minutos, siempre llegan a la hora los camiones. Con lo que no contaba es, que el poste donde se indican los horarios de la ruta estaba a unos seis metros de nosotros, distancia insignificante, sin embargo no con tremenda lluvia.
El camión se aproximaba, no hice demasiado esfuerzo en moverme de la parada, pensando que como pasaría en México, el chofer se compadecería de nosotros y se estacionaría lo más cerca posible para evitar mojarnos.
Pero olvidé que estaba en Berlín, donde todo es demasiado ordenado. El chofer se paró justo en lugar que le correspondía, a seis metros de nosotros. Corrimos, nos mojamos y nos soltamos a reír.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario