Cuando se pasea por las calles de Beijing uno se pregunta: ¿dónde está el comunismo? La apariencia externa es la de cualquier otra ciudad capitalista: Starbucks, McDonalds, centros comerciales, limosneros, autos de lujo, etc.
Claro esto es sólo lo externo, la punta del iceberg. Y viendo las cosas sólo así, se podría pensar que las cosas marchan bien en la ciudad y su sociedad.
Pero hay algo externo, muy visible, que hace pensar profundamente en lo que realmente sucede. Es la zona de embajadas. Como en otras partes, las embajadas son enormes y lujosas residencias, pero a diferencia de otras ciudades, en Beijing las embajadas están custodiadas por alambre de púas y soldados chinos posicionados cada cinco metros.
Para un chino sería imposible, o practicamente, acercarse a la puerta de una embajada. Para un extranjero casi lo es. Una noche, al ver la embajada de mi país, no pude evitar el arranque nacionalista y lanzarme a la puerta, para pisar ese pedacito de mi territorio... en vano, los soldados me pidieron que me alejara.
Así, con pequeños detalles se descubre que las cosas no son como parece al exterior, en la punta del iceberg.
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