martes, agosto 05, 2008

Crónica de un accidente en Beijing

Era una tarde lluviosa. Toda la ciudad estaba mojada, regresaba del mercado de las perlas, donde compré maletas extras y tomé un taxi. La lluvia no tenía clemencia y la visibilidad era de apenas unos metros; yo a bordo del taxi me preguntaba cómo la gente podía manejar igual con o sin lluvia. La avenida no iba saturada, quizá ese fue el problema.
El taxista pisaba el acelerador, yo miraba a todos lados, pero sin mantener la mirada en un punto fijo, sólo mirando a todo alrededor.

No sé cómo fue, creo que quizo frenar medio metro antes del carro delante de nosotros y no lo logró. Cuando miré al frente ya tenía el parabrisas en mi frente.

El taxista bajó, hizo rápidos arreglos con el otro afectado, rápido regresó, yo había prendido un cigarro entonces; ante la imposibilidad del idioma me hizo manotazos y entendí que debía subir al taxi... le respondí con otros manoteos, a manera de pregunta si seguíamos el camino o debía tomar otro taxi... oka, oka, seguimos el camino.

Siguió lloviendo; mantuvo la misma velocidad que antes. El carro empezaba a hacer ruidos extraños. Sólo intenté decir, mezclando palabras en español y manotazos "No mames, cuando llueve los carros se resbalan"
Llegamos a mi destino. Le pagué y siguió su camino. Quizá al mecánico, quizá a seguir trabajando. Y aún entonces, llovía a cántaros.

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