Subirse a un taxi siempre es fuente de historias ocultas, leyendas urbanas y crudas realidades.
El taxista me empezó a contar de cómo hace poco lo detuvo un tránsito. ¿Qué motivos puede tener un tránsito para detener a alguien en el DF? Basicamente el hambre o las ganas de dinero extra en su bolsillo.
Así le tocó a él. Nomás por chingar -se diría para no dejar lugar a dudas-. La historia es la misma. Que si el tarjetón, que si el permiso, que si la licencia, el artículo tal, el reglamento fulano. Entonces que si el corralón, la delegación, el juez. Ya había dos patrullas y cinco tránsitos alrededor.
Total, fue la delegación. Antes de ir, uno de los tránsitos hábilmente se subió al taxi, no fuera ser que se pelara. Ambos entre los 50 y 60 años, empezaron a platicar.
Habrá sido esta confianza rápida tan mexicana, o la edad, que de plano el taxista le preguntó al tránsito:
- Bueno ya, ¿porqué me pararon?
- Mira, estás igual de viejo que yo, ya sabes cómo es. Hay que chingarle. Nos dieron dos meses para sacar lo que pudiéramos, y tengo que pasar cuota al comandante. Ya sabes cómo es.
El taxista seguramente asentó. Después de todo, todos sabemos cómo es.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario