Le gustó alguien, se ligaron y se besaron buena parte de la noche. Hasta que el mexicano dijo:
- Bueno, me tengo que ir.
Él se quedó en silencio, buscando entender por qué se iba si se habían estado besando y parecía gustarle. Así que preguntó, y le respondieron:
- Es que vengo con mis amigos. Nos vemos.
Se quedó ahí parado sin entender y dio por terminada la noche.
Vinieron muchas noches más, y siempre la misma situación. Lo besaban y se iban con con el pretexto de tener que regresarse con sus amigos.
Pasaron algunos meses hasta que nos encontramos en un desayuno y preguntó:
- ¿Porqué los mexicanos siempre se van con sus amigos? En Montreal si besas a uno, significa que te vas con él, pero aquí no, puedes besar a muchos y siempre se van, por que tienen que pasar a dejar a sus primas, a sus amigos...
Los mexicanos sentados en esa mesa empezamos a reír. Sin decirnos nada, sabíamos que efectivamente, cuando salimos juntos entre amigos, no nos dejamos solos, y hacerlo es motivo de enojo y resentimiento.
Aunque le explicamos y entendió, su resentimiento no quedó satisfecho. Habría que ser mexicano para no ofenderse y entender que hay cosas que funcionan así, como las salidas nocturnas entre amigos.
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