Se fueron uniéndo. Todas con la misma queja. Hasta que una decidió dar un sutil aviso con los letreros en el baño.
Mientras las mujeres se miran de reojo buscando a la culpable o esperando la expresión sospechosa cuando salen del baño, los hombres miramos, reímos y agradecemos no usar toallas femeninas.
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