Este quinto día 3 empezó como ningún otro: en el Museo de Frida Kahlo donde se llevaría a cabo la conferencia de prensa de Patti Smith, la madrina del punk, que por primera vez toca en México.
He de decir que yo no sabía mucho de Patti Smith hasta que supe formaría parte del Festival el año pasado. Pero al cabo de recibir el expediente, armar el propio para presentar a potenciales patrocinadores, escuchar su música y sobre todo, escuchar a aquéllos que la conocen y la siguen, empecé a entender la dimensión de Patti Smith.
En medio de las preguntas, Patti Smith pide una pausa para empezar a cantar People Have the Power. Entonces sucedió un momento mágico. La vibra de la artista, la vibra de los reporteros (que más parecían fans que reporteros), en fin, de la nada se creó algo parecido a un concierto íntimo y emocional.
A lo largo de cinco años una de las grandes riquezas que me ha dejado el Festival es conocer artistas que quizá no hubiera conocido, escuchar músicas que no acostumbro, ver montajes de teatro que no hubiera visto, en fin, no todo lo que desearía, no todos completos, pero grandes momentos han sucedido.
En el Festival 26, en 2011, una noche llevamos al bailarín de tap Savion Glover a un café veracruzano, esperando sembrar una semilla en él al ver a los jarochos bailar. Quizá algún día suceda, pero haber presenciado el encuentro de esos dos mundos hizo de la noche mágica.
Momentos mágicos, únicos e irrepetibles quedan en mí: de la edición 24 el concierto de clausura en Santo Domingo con Goran Bregovich; del 25 el espectáculo de danza Chunky Move y la clausura en el Zócalo con Balkan Beat Box y Asian Dub Foundation; del 26 la noche en Catedral con Le Poème Harmonique; y del 27 Andrew Bird e Israel Galván.
He de decir que yo no sabía mucho de Patti Smith hasta que supe formaría parte del Festival el año pasado. Pero al cabo de recibir el expediente, armar el propio para presentar a potenciales patrocinadores, escuchar su música y sobre todo, escuchar a aquéllos que la conocen y la siguen, empecé a entender la dimensión de Patti Smith.
En medio de las preguntas, Patti Smith pide una pausa para empezar a cantar People Have the Power. Entonces sucedió un momento mágico. La vibra de la artista, la vibra de los reporteros (que más parecían fans que reporteros), en fin, de la nada se creó algo parecido a un concierto íntimo y emocional.
A lo largo de cinco años una de las grandes riquezas que me ha dejado el Festival es conocer artistas que quizá no hubiera conocido, escuchar músicas que no acostumbro, ver montajes de teatro que no hubiera visto, en fin, no todo lo que desearía, no todos completos, pero grandes momentos han sucedido.
En el Festival 26, en 2011, una noche llevamos al bailarín de tap Savion Glover a un café veracruzano, esperando sembrar una semilla en él al ver a los jarochos bailar. Quizá algún día suceda, pero haber presenciado el encuentro de esos dos mundos hizo de la noche mágica.
Momentos mágicos, únicos e irrepetibles quedan en mí: de la edición 24 el concierto de clausura en Santo Domingo con Goran Bregovich; del 25 el espectáculo de danza Chunky Move y la clausura en el Zócalo con Balkan Beat Box y Asian Dub Foundation; del 26 la noche en Catedral con Le Poème Harmonique; y del 27 Andrew Bird e Israel Galván.
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