miércoles, septiembre 26, 2007

Tube's buskers

En la ciudad de México es común encontrarse gente cantando en el metro. La mayoría simplemente canta y toca la guitarra para pedir dinero al terminar cada canción. Casi siempre son estudiantes o gente recién llegada a la ciudad que no encuentra trabajo o necesita ayudarse en sus estudios. Casi siempre son historias trágicas resultado de la hostilidad de la ciudad y la crueldad del sistema. Casi siempre acompañadas del discurso "como ustedes se dan cuenta yo no soy un gran cantante, pero el intento hago…"

En Londres la alcaldía sacó la iniciativa "Carling Live Underground Music" con el objetivo de evitar a esos cantantes "ilegales". Así a través de una audición seleccionan aquellos músicos con talento y les proveen un pequeño espacio en los pasillos del metro, se acompañan de su instrumento, un amplificador y un micrófono.

Las ciudades son hostiles y crueles en su mayoría. Los que las habitamos siempre tenemos prisa, siempre con los minutos contados. Aprendemos a no mirar demasiado alrededor. Algunos escuchamos música con audífonos, nos escondemos en libros, fingimos dormir o simplemente no observamos lo que pasa a nuestro alrededor. Londres no es la excepción.

Pero no es mi ciudad, yo no la habito, yo sólo estoy de pasada unos días. Y en la estación Picadilly me encuentro con uno de esos músicos: está tocando la flauta. Paso de largo, sigo mi camino, apenas lo miré. Tomo el metro y llego a Baker Street, debo cambiar de línea. En un largo pasillo, parece un tubo sumergido en el subsuelo, veo desde lejos una chica cantando con su guitarra. Se ve joven, quizá 25. Está cantando "you're still the one" de Shania Twain.

Estaba por pasarme de largo, como la multitud lo hacía, como lo haría en México. Pero entonces me detuve, a dos metros de ella había un par de asientos. Me senté y la observé, la escuché cantar. Soltó una mirada cómplice, como agradeciendo. Acepté ser su único público. Bromas de la vida, era yo "still the one" que la escuchaba. Terminó y solté un tímido aplauso que se perdió en los pasos de la gente que no dejaba de caminar cual desfile de Disneylandia. Entonces me fui.

Sí, las ciudades son crueles y hostiles. Pero siempre hay alguien que está dispuesto a escuchar, y así logramos vivir en ellas.

:: Busking


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