Este domingo no tuve Festival. Por supuesto había actividades, pero ninguna en la que yo tuviera que estar. Y para ser franco, un día que necesitaba después de 15 días intensos sin parar.
Lo que sucede es que el Festival es como una locomotora, una vez que arranca no para. Apenas desaceleras y el cuerpo te empieza a cobrar la factura, sueño, cansancio, dolor de cabeza, etc. Llega un momento donde debes parar para poder dar a los 8 días que faltan.
Este quinto día doce no tuve Festival.
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