martes, mayo 15, 2012

D14 del 28 fmx

Nunca le he llamado a mis amigos que trabajan en bancos a pedirles dinero, tampoco con aquellos que trabajan en editoriales para pedirles libros, ni siquiera con los que trabajan en el gobierno a pedirles un puesto de aviador.

Las solicitudes cotidianas de cortesías son muchas en estas épocas, las hay de todas, desde las disimuladas, otras descaradas, los que te lo exigen como si fuera tu obligación, los que te amenazan, los que ruegan, en fin. La verdad es que no hay nada más difícil que sacar cortesías cuando para el Festival, como asociación civil, tiene una meta por cumplir en taquilla.

Hay quien las merecería, hay a quien me encantaría negárselas, hay quien no puede pagar y no las pide, hay quien puede pagar y las pide. Con el tiempo, uno aprende a decir no, apegarse a un criterio.

Muchas historias suceden cada día, muchas tan iguales y repetitivas, otras únicas y excepcionales; por ejemplo, hace unas semanas habló una persona dispuesta a viajar desde Sudáfrica para ver a Antony and the Johnsons, nunca pidió una cortesía, simplemente pidió poder pagar el boleto cuando llegara a México.

Todo artista merece un pago por su trabajo, todo equipo profesional merece un sueldo por su trabajo, todo proyecto cultural merece ser autosustentable. Nosotros como público aún tenemos camino por recorrer para aprender a apreciar y a pagar.

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